Una profunda pasión por el respeto y la protección de las mujeres y los derechos humanos me permite trabajar con todo el corazón para mejorar y optimizar la vida de las personas a pesar de todos los desafíos, dificultades y adversidades que encuentro con frecuencia tanto a nivel de liderazgo individual como personal.
Aprender a mantener la calma cuando me faltan el respeto es un superpoder que me impulsa a seguir adelante con el trabajo que tengo que hacer para alcanzar las metas establecidas.
Con los años he aprendido que no puedo obligar a la gente a que me valore. Lo único que puedo hacer es mostrarles quién soy, de lo que soy capaz, lo que siento y en lo que creo. Depende de ellos darse cuenta y apreciar mi valor.
Lo más importante que hay que tener en cuenta es que, a veces, aunque tu valor salte a la vista de la gente, no lo ven. Por eso, recibo mucha fuerza y aliento de quienes aprecian positivamente mis esfuerzos y mi contribución, y lecciones de quienes no lo hacen; me desafían a ser una mejor persona y líder.
En todo lo que hago, nunca me olvido de amarme a mí mismo, valorarme, aprovechar las oportunidades y enfrentar estratégicamente las amenazas y los desafíos.
A veces me siento abrumada por la presión del hogar y del trabajo. No es fácil compatibilizar los diferentes roles de madre, comerciante, líder comunitaria y organizacional. Me agoto, lloro y, sin embargo, siempre me pongo los guantes de boxeo y sigo luchando.