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Mujeres en el mercado, niños invisibles

En los mercados de Uagadugú, las mujeres son un ejemplo de resiliencia. Se levantan antes del amanecer, montan sus puestos, negocian con los clientes y permanecen hasta el anochecer. Venden maíz asado, verduras, ropa de segunda mano, frutas y condimentos. Aseguran la supervivencia de sus familias. Pero tras esta energía se esconde una realidad silenciosa: sus hijos crecen en entornos que nunca fueron pensados ​​para ellos, debido a la falta de guarderías adecuadas.

La infancia entre los puestos del mercado

En Sankar-Yaar, un mercado enorme y bullicioso, Awa mantiene a su hijo de dos años cerca. Él juega en el polvo, a veces cerca de la carretera, expuesto a los peligros del tráfico. Ella explica:

“No tengo otra opción. Si lo dejo en casa, no habrá nadie que lo cuide.”

Su testimonio refleja una realidad más amplia: los hijos de las comerciantes no tienen acceso a espacios seguros. Pasan sus días en un entorno lleno de ruido, polvo y peligros. Su infancia transcurre en medio del bullicio del comercio, sin protección ni apoyo.

Crecer en medio del ruido y el calor

En 14-Yaar, Mariam lleva diez años vendiendo verduras. Sus dos hijas la acompañan a diario. Duermen sobre sacos de arroz, respiran el humo de las hogueras y crecen en medio del constante bullicio del mercado.

“No tienen dónde aprender; están creciendo en el mercado.”

Esta realidad cotidiana tiene consecuencias invisibles: fatiga crónica, mayor riesgo de enfermedades y falta de estimulación educativa. Estos niños no se benefician de un entorno propicio para el aprendizaje ni el juego. Su desarrollo se ve comprometido desde sus primeros años.

El cuidado de los niños como una lucha diaria

En Karpala-Yaar, un mercado de barrio, las comerciantes no tienen otra alternativa. Los niños van atados a la espalda de sus madres o sentados directamente en el suelo. Los accidentes son frecuentes: caídas, quemaduras y lesiones causadas por cargas pesadas. Las enfermedades respiratorias e infecciosas están muy extendidas, agravadas por el hacinamiento y la falta de higiene.

Las madres trabajan bajo el temor constante de que sus hijos puedan resultar heridos o enfermar. Se ven obligadas a elegir entre perder el sueldo de un día o exponer a sus hijos a los peligros cotidianos.

Frutas, verduras… y una infancia olvidada.

En Tols-Yaar, un mercado especializado en frutas y verduras, Fatou vende plátanos. Sus hijos juegan entre cestas de tomates y mangos. Cuando llueve, no tienen adónde ir.

“Vengo aquí con mis dos hijos. Se pasan todo el día aquí, entre los puestos.”

Este mercado, esencial para el abastecimiento de alimentos de la ciudad, carece de guarderías. Los niños crecen en un entorno inestable, sin espacios para descansar, aprender o protegerse.

Las consecuencias de una brecha social

Una encuesta informal realizada por SYNAFVL revela que más del 70% de las mujeres comerciantes llevan a sus hijos al trabajo. Las consecuencias son significativas:

  • Accidentes frecuentes: tráfico intenso, cargas pesadas y caídas.
  • Enfermedades respiratorias: polvo, humo y condiciones insalubres.
  • Retrasos en el aprendizaje: falta de acceso a la educación preescolar e insuficiente estimulación educativa.
  • Aislamiento social: ausencia de zonas de juego y oportunidades limitadas para la interacción social.

El Dr. Salifou Zongo, pediatra de Uagadugú, explica:

“Recibimos con frecuencia niños que sufren desnutrición o enfermedades prevenibles. Las madres no tienen otra alternativa. El mercado se convierte en su guardería improvisada.”

Las demandas de las mujeres comerciantes

Las mujeres que trabajan en los mercados expresan necesidades sencillas pero esenciales:

  • Centros de cuidado infantil comunitarios ubicados cerca de mercados y a precios asequibles para las familias.
  • Espacios educativos que introducen a los niños al aprendizaje desde una edad temprana.
  • Programas municipales que integran el cuidado infantil en las políticas de desarrollo urbano.
  • Ayudas económicas para reducir los costes de escolarización y cuidado infantil.

Algunas organizaciones locales han intentado implementar iniciativas como servicios temporales de guardería y talleres de sensibilización. Sin embargo, estos esfuerzos siguen siendo limitados e insuficientes dada la magnitud del problema.

Una responsabilidad colectiva

Estas mujeres no piden privilegios; exigen justicia. Sostienen la economía informal sobre sus hombros, pero sus hijos sufren las consecuencias de la indiferencia social. Invertir en guarderías permitiría:

  • Garantizar la salud y la educación de los niños.
  • Permitir que las madres trabajen con mayor tranquilidad.
  • Fortalecer la cohesión social.
  • Ayuda a preparar el futuro de Burkina Faso.

En los mercados de Uagadugú, las mujeres trabajan incansablemente. Sin embargo, sus hijos, invisibles entre los puestos, crecen sin protección. Incluirlos en las políticas públicas es una forma de transformar una injusticia en una fuente de fortaleza colectiva.

Artículo y fotografías de Mohamadi Damiba, activista de medios de comunicación, parte de la Red de medios StreetNet y miembro de nuestra filial SYNAFVL en Burkina Faso.

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