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Cuando el fuego consume nuestros esfuerzos: Una mirada al dolor de los mercados en Guatemala y Honduras

​Hace un mes aproximadamente que las fiestas de fin de año terminaron, pero los vendedores de los mercados las celebraron de otra manera. Mientras la mayoría de las personas guardaban sus decoraciones de Navidad y se preparaban para los gastos del nuevo año, cientos de comerciantes en el municipio de Mixco, Guatemala, Mercado de la Corolingia, y en ciudades vecinas de Honduras, en el mercado medina, vivieron una verdadera pesadilla. En lugar de luces de colores, vieron llamas; en lugar de abrazos de año nuevo, hubo lágrimas y gritos de desesperación al ver sus puestos convertidos en cenizas.

​El mercado: el corazón que nunca descanza

​Para entender la magnitud de esta tragedia, primero debemos entender qué significa un mercado para nuestra gente. El mercado no es solo un montón de puestos con mercadería; es el corazón de la comunidad. Es el lugar donde la señora que vende tortillas conoce el nombre de todos sus clientes, donde el carnicero nos da un pedazo extra y donde se siente el verdadero pulso de la economía popular.


​En Guatemala y Honduras, el mercado es el sustento de miles de personas. Son hombres y mujeres que se levantan a las tres o cuatro de la mañana, desafiando el frío y la inseguridad, para que cuando nosotros lleguemos, todo esté listo. Ver el mercado quemado es ver una parte de la historia de herida. Es un golpe directo a la mesa de las familias más humildes, porque “si el vendedor no vende hoy, su familia no come mañana.”

Mercado quemado en Honduras

​Una tragedia que se repite

​Lo que pasó en Guatemala no es un hecho aislado. En Honduras, un mercado también han sufrido un incendio atroz recientemente. Parece una triste coincidencia, pero la realidad es que hay problemas de fondo que no se han resuelto. Muchos de nuestros mercados tienen instalaciones eléctricas muy antiguas, cables que cuelgan por todos lados y pasillos tan apretados que, cuando ocurre una emergencia, ni la gente puede salir rápido ni los bomberos pueden entrar a tiempo.


​El incendio en Honduras nos recuerda que la seguridad no es un lujo, es una necesidad. Muchos vendedores lo perdieron todo: su mercadería, sus estantes y, lo más triste, el dinero que habían guardado con tanto esfuerzo para pagar deudas de la temporada anterior. Ahora, se encuentran en una situación donde deben empezar desde cero, con el peso de la tristeza en los hombros.


​Si caminamos hoy por los restos del incendio, no solo olemos a quemado. Sentimos el silencio de la pérdida. Hay historias desgarradoras, como la de doña Ana María , que llevaba 20 años en su puesto y decía con lágrimas que "el fuego se llevó hasta mis recuerdos". O don Noé, que apenas el día anterior había invertido todos sus ahorros en mercadería nueva esperando las ventas de enero.

​Estas personas no tienen seguros que les devuelvan el dinero. Su único seguro es su trabajo diario. Por eso, el impacto emocional es tan fuerte. No es solo dinero; es la sensación de que el futuro se ha vuelto oscuro de repente. Muchos de estos vendedores son personas de la tercera edad o madres solteras que no tienen otro camino para sobrevivir más que su puesto en el mercado.


​En momentos como este, es cuando debemos demostrar que somos hermanos. La información es importante, pero la acción lo es más. Cuando los vendedores se instalen de nuevo, aunque sea bajo un nylon o en una mesa improvisada, vayamos a comprarles. Cada quetzal o cada lempira que gastemos en el mercado es una semilla para que ellos vuelvan a florecer.


Debemos pedir a las autoridades municipales que inviertan en los mercados. Necesitan techos seguros, agua constante y cables eléctricos nuevos para que esto no vuelva a pasar.

Mercado quemado en Guatemala

​La esperanza no se quema

​A pesar del humo y la destrucción, hay algo que el fuego no pudo quemar: las ganas de salir adelante. Es increíble ver cómo, apenas unas horas después de que los bomberos apagan la última brasa, los vendedores ya están ahí con sus escobas y palas, limpiando el lugar.


​Esa valentía es la que nos debe inspirar. El mercado en Guatemala y el mercado de Honduras volverán a llenarse de colores y de gritos "¡qué le damos, pase adelante!". Pero para que eso pase más rápido, necesitan que el gobierno, las organizaciones y sus clientes, les demos la mano.


​La noticia es atroz, sí. Pero la respuesta de la gente puede ser hermosa. No permitamos que estas familias se queden en el olvido. Que este incendio sirva para que, de las cenizas, construyamos mercados más dignos y seguros para los trabajadores que alimentan a nuestras naciones.

Jorge Peralta miembros de FENTRAVIG (Federación Nacional de Trabajadores/as y Vendedores/as Informales de Guatemala) comenta:


"Bueno en primer lugar es, lamentable que los mercados aún sigan sin los requerimientos que la seguridad exige, esto no es una labor netamente de los inquilinos, es algo que las autoridades deben de prever porque son inquilinos de las autoridades municipales, en el caso de los mercados, los mercados municipales que se quemaron.
Pero lamentablemente las autoridades solamente se rigen a cobrar derecho de piso y no proveer los elementos necesarios, las leyes en Guatemala no han sido ajustadas para que los vendedores estén protegidos entre estas el código municipal, este código es el que rige a todas las municipalidades y en él, no se encuentra un delineamiento específico para cada uno de los mercados es por eso que todavía estamos desprotegidos,

Por nuestra parte, vemos con una total tristeza y preocupación él abandono en el cual están los mercados, "no culpamos a las autoridades de los incendios, pero sí del descuido en el cual los mercados están."

Esperamos este año sea diferente.

Anibal Banegas miembro de FOTSSIEH (Federación de Organizaciones de Trabajadores del Sector Social e Informal de la Economía de Honduras) Comenta:

"Es muy triste lo que pasó el pasado 29 de diciembre de 2025 en el Mercado Medina. El incendio afectó a 160 compañeros y compañeras. Entre ellos, 32 del sindicato SULMERH perdieron todo y otros perdieron una parte de su mercadería. También fueron afectados los compañeros que venden en la calle.

​Lamentablemente, los bomberos no pudieron entrar a tiempo porque las entradas estaban tapadas. Pero lo bueno es que recibieron ayuda para volver a empezar: el actual presidente les dio 10,000 mil lempiras a cada afectado. La presidenta Xiomara Castro, antes de salir, entregó 9.3 millones de lempiras que se repartieron entre los 160 afectados. Este último apoyo se logró gracias a la gestión de la Federación, por medio de una compañera en Tegucigalpa que hizo los trámites con SEDESOL. Gracias a este esfuerzo, los compañeros ya se están instalando de nuevo para trabajar en este nuevo año."

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